La vida es real…

17 11 2008

Aquella tarde salí de mi hogar a las 3:30. Sabía que no iba a ser un día como cualquier otro, pero no tenía idea de lo diferente que iba a resultar.

Caminé un par de horas, sin rumbo alguno y observe caras que no volvería a ver. Mientras caminaba, reflexionaba sobre las personas a mi alrededor; como caminaban al lado de sus iguales y como las personas que no encontraban a alguien caminaban solas, como yo.

Decidí detenerme en algún Burger King. Ordené lo mío, me fue entregado y me senté a comerlo. A lo lejos, en otra mesa te observe a ti. Cuando volteaste a verme, mi tímida mirada se dirigió a otro lugar.

Con un poco más confianza, regrese mi mirada hacia la tuya y en el momento en que nuestros ojos se cruzaron note algo en ti. Te levantaste de tu mesa y te dirigiste a la mía. No tienes idea de lo nervioso que estaba. Te sentaste a mi lado y me preguntaste mi nombre. Después de unos minutos de conversación, minutos en los que me di cuenta de que tú estabas hecha para mí, me contaste tu plan; me contaste tus sueños y yo recordé los míos, me hablaste de una libertad para la que yo no estaba listo.

No podía creer lo cruel que era el destino conmigo… acababa de conocerte y ya te iba a perder…
Cuando partieron nuestros caminos ese día, sabía que jamás te volvería a ver.

Me hiciste sentir tan completo… y ahora me siento tan vacío…

Debí de haberte seguido. Debí haber recorrido la milla verde a tu lado. Debí haber extendido mis alas junto con las tuyas y emprendido vuelo sin tener donde aterrizar.

¡Oh, dios! Como desearía haberme ahogado en el mar de tu sonrisa, sosteniendo tu mano durante mis últimos minutos…
Pero no lo hice…
Me siento incompleto de nuevo, por eso voy a quedarme recostado en este suelo, solo y con el corazón roto…